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Pier Paolo Pasolini

PA­SOLI­NI, PIER PAO­LO nació el 5 de mar­zo de 1922 en Bolo­nia Italia) es una de las fig­uras artísti­cas ital­ianas más grandes y polémi­cas del siglo xx. Es­tu­dió his­to­ria del arte y lit­er­atu­ra en la Fac­ul­tad de Le­tras de Bolo­nia. La poesía, la pin­tu­ra mod­er­na, el cine, Freud y la política er­an sus in­tere­ses pri­mor­diales. Pa­soli­ni creó, jun­to con otros ami­gos friu­lanos, la “Academi­u­ta di lenga furlana”, en la que el uso del di­alec­to friu­lano rep­re­senta­ba una oposi­ción al poder fascista y tam­bién un in­ten­to de pri­var a la Igle­sia de su hege­monía cul­tur­al so­bre las masas. Así, mien­tras que la izquier­da pre­fería el uso del ital­iano (pre­rrog­a­ti­va casi ex­clu­si­va­mente cler­i­cal), Pa­soli­ni in­tenta­ba jus­ta­mente ll­e­var a la izquier­da a una pro­fun­dización de la cul­tura a través del di­alec­to. En 1942 se pub­licó su primera colec­ción de poesías, es­critas en friu­lano, el di­alec­to que uti­liz­a­ban los campesinos de la re­gión. En 1948 se afilió al Par­tido Co­mu­nista Ital­iano (PCI) y se hi­zo mae­stro de es­cuela. El 22 de oc­tubre de 1949 lo acusaron de cor­rup­ción de menores, y, aunque el tri­bunal lo ab­solvió, lo ex­pul­saron de la enseñan­za y tam­bién del PCI. En en­ero de 1950 par­tió para Ro­ma con su madre. En 1954 pub­licó su primer im­por­tante vol­u­men de poesías di­alec­tales: La meglio gioventù, Chicos del ar­royo (1955) y Una vi­da vi­o­len­ta (1959) lo ha­cen famoso, pero el escánda­lo no lo aban­dona y lo acu­san de ob­scenidad. Tam­bién var­ios li­bros de poesía co­mo Las cenizas de Gram­sci (1957), La re­li­gión de mi tiem­po (1961) y Poesía en for­ma de rosa (1964).

En Ro­ma conoce a quienes serán sus mejores ami­gos de por vi­da: los es­critores Al­ber­to Moravia, El­sa Morante, Atilio Bertoluc­ci, Da­cia Mar­i­ani… y los cineas­tas Felli­ni, An­to­nioni y Roselli­ni, quienes lo in­tro­du­jeron en el mun­do del cine. Fue, des­de siem­pre, eso que al­gunos de­nom­i­nan “un in­t­elec­tu­al incómo­do”, lo que unido a su declara­da ho­mo­sex­u­al­i­dad lo con­vir­tió en blan­co per­fec­to de una derecha re­cal­ci­trante que no le per­donó ni sus pelícu­las ni sus pen­e­trantes posi­ciones públi­cas con­tra el poder es­table­ci­do. En 1975 pub­li­ca, con Garzan­ti, Es­critos cor­sar­ios, donde re­copi­la artícu­los pub­li­ca­dos en di­ver­sos periódi­cos en los que ex­pre­sa su crítica política y so­cial sin con­ce­siones. y pro­pone de nue­vo la poesía friu­lana con el títu­lo La nuo­va gioventù. El 2 de noviem­bre de 1975, Pier Pao­lo Pa­soli­ni fue as­esina­do. “Crimen pa­sion­al”, re­it­eró una ma­si­va y mal in­ten­ciona­da pro­pa­gan­da, tratan­do de re­ducir el asun­to a una “dis­pu­ta” en­tre el artista y el joven de 17 años, Pino Pelosi, ded­i­ca­do a vender fa­vores sex­u­ales. No fal­taron en­tonces vo­ces que de­nun­cia­ron la ex­is­ten­cia de una tra­ma más com­ple­ja, en­tre el­la la de la pe­ri­odista Ori­ana Fal­laci, que veía en el as­esina­to una “con­spir­ación política”. Ex­istían sospechas y has­ta fuertes ev­i­den­cias de que Pelosi no era el as­esino, o al menos había es­ta­do acom­pañado en la ac­ción, pero el joven re­it­eró ante los tri­bunales su ab­so­lu­ta re­spon­s­abil­i­dad (de re­cono­cer la par­tic­i­pación de otras per­sonas hu­biera po­di­do ser sen­ten­ci­a­do a 30 años y no los nueve que le cor­re­spondieron). En mayo de 2005, en un pro­gra­ma de tele­visión, Pelosi, di­jo que Pier Pao­lo Pa­soli­ni había si­do as­esina­do por tres per­sonas y que él no lo con­fesó en su mo­men­to porque ame­nazaron con matar­le a él y a sus padres si habla­ba, pero aho­ra que sus padres ya es­ta­ban muer­tos y posi­ble­mente tam­bién los as­esinos lo rev­e­la­ba. El ca­so se reabrió a peti­ción de la fa­mil­ia de Pa­soli­ni. Hay tan­tos pun­tos os­curos en torno al ca­so que el ve­r­a­no de 2008 más de 700 in­t­elec­tuales fir­maron un man­i­fiesto en el que ex­igían su reaper­tu­ra y nuevas in­ves­ti­ga­ciones. Por ex­traño que pue­da pare­cer, nun­ca se re­alizaron prue­bas de ADN de los restos con­ser­va­dos.

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